Domingo 6 de Febrero del 2006, 2º día de la excursión al desierto desde Túnez.
El viaje empezaba temprano, muy temprano, a las 4:40 de la mañana ya debíamos estar despiertos para desayunar, ya que a eso de las 5:20 de la mañana salía el autobús para seguir con nuestro viaje.
Debido al madrugón, los sucesos que ocurrieron entre que me levanté de la cama hasta que me metí en el autobús los experimenté en estado de zombie debido a que mi reloj biológico no estaba acostumbrado a despertar a esas horas.
Aún era de noche cuando el autobús salió del hotel y la mayoría seguimos durmiendo en el autobús, y yo, de vez en cuando, abría los ojos para mirar a través de las ventanas, pero poco se veía, era de noche, así que no sabía qué esperaba ver (¿camellos brillantes quizás?).
Al rato me desperté y vi por la ventana agua, como un mar, aún era oscuro, pero estaba amaneciendo y a un lado se veía como el sol se iba mostrando tímidamente por el horizonte.
Estábamos en Chott el Yerid (viste desde Google maps), el mar de Túnez, si, es un mar, pero no está en la costa, está en el interior, un mar de agua salada. no me acuerdo bien de la historia que nos contó el guía (eran alrededor de las 6:00 de la mañana, como para estar atento), pero según parece hace años, muchos años el mar Mediterráneo entraba a Túnez, pero con el tiempo se ha ido cerrando ese mar interior quedándose dentro... no soy geólogo, pero algo aśi era, y si miráis en el mapa de Google Maps, podéis observar que parece que aún sigue conectado con el mar Mediterráneo.
Cuando llegamos estaba amaneciendo, como podéis ver en esta foto y era un paisaje realmente hermoso. Cuando paró el autobús salí corriendo para poder aprovechar y sacar fotos con el amanecer, llegué justo a tiempo :).
El sitio donde paramos era en un pequeño punto situado sobre la mitad de la carretera que cruzaba todo el mar donde había un pequeño puestecito con objetos turísticos, como rosas del desierto, pero estos eran de tamaño BIG. Además habían carteles curiosos, como este donde pone: Mas barato que en Carrefour.
Estuvimos un rato rondando por ahí hasta que volvimos a subir al autobús a nuestro siguiente destino: Los Oasis.
Parece ser que en Túnez hay dos tipos de Oasis, los artificiales y los naturales. Los artificiales son los creados por el hombre, y por lo que vi yo, vienen a ser como bosques de palmeras en medio del desierto. Paramos en uno (Degache), donde nos subieron a unos carros propulsados por caballos (o eran burros?). En estos carros cabían 4 personas y el conductor, que iba delante y era un cachondo. Nos dieron una vuelta a toda velocidad por el oasis donde pudimos comprobar la maravillosa suspensión de los carros, vamos, que no tenían apenas suspensión.
Cuando paramos nos llevaron hacia el interior de unos de esos bosques de palmeras (que eran enormes por cierto) donde de repente apareció un hombre, delgadito y bastante viejo, que nadie supo de donde vino y que de repente empezó a subirse a una palmera, era el famoso hombre-mono de Túnez, una curiosidad única en su especie. Luego, cuando bajó de la palmera nos quiso cobrar... como no, el show del hombre-mono no era gratuito.
Después de esta maravillosa aventura por el oasis artificial, tocaba lo bueno, el viaje en los 4x4.
Si no recuerdo mal, habían puesto unos 4 coches, que eran unos Land Rover. Yo me esperaba que iríamos por el desierto saltando sobre las dunas, pero no, todo el camino fue sobre una carretera asfaltada, pero eso si, a toda hostia. Los 4 coches uno detrás de otro, manteniendo una distancia no demasiado prudente entre cada una, corriendo por una carretera larga y recta, tenía su emoción.
Después de un rato corriendo con los coches llegamos a Chebika, que está situada justo a un lado de las montañas en un extremo de Chodd el Yerid. Chebika era un oasis natural que ha crecido gracias al agua que surge de las montañas, que curiosamente, era agua caliente, muy cálido. En Chebika hay muchos puestos turísticos donde vendían pasivamente, al contrario que los críos que rondaban por ahí, que vendían activamente, pero en plan pesado, muy pesado, llegabas ahí y ya tenias 6 niños a tu alrededor intentando venderte collares y piedras ¡y piedras! Eran imposible deshacerse de ellos. A algunas personas les metían los collares en los bolsillos y luego querían cobrar, y al intentar devolvérselo no lo aceptaban...
Desde Chebika, subiendo un poco poca la montaña, se tenia una vista muy bonita de todo el camino que habíamos recorrido como puede comprobarse en esta foto donde se puede ver también parte del mar de Chott el Yerid así como el trazado del río que salia desde la montaña, que es el trazado que siguen las palmeras.
Después de eso nos dirigimos con los 4x4 a una zona mas en el interior, entre las montañas, donde había una cascada. Si, una cascada que salia de las montañas. ¿Y qué tiene esto de especial? Pues a que estamos en mitad del desierto, en las montañas y sale agua caliente de ellas... nada, lo típico :P
Después de ver la cascada volvimos con los 4x4 a Degache y a mitad de camino, en nuestro coche, empezó a oler a quemado y se ve como, del salpicadero, sale humo. El conductor, que había estado todo el viaje cantando rap tunecino parecía no darse cuenta hasta que el coche empezó a llenarse de humo. Ahí ya paró el coche y se fue a echar un vistazo al motor. Luego volvió, subió al coche y arrancó de nuevo. Abrió las ventanas y siguió el camino, tranquilamente, con el coche quemándose... mola.
A partir de aquí se notaba que la excursión estaba llegando a su fin. Paramos en un sitio para comer y luego nos pegamos un viaje largo hasta horas después, llegar a Kairouan (vista desde Google Maps). Kairouan parece ser una ciudad importante en Túnez, no me acuerdo el por qué, nos lo contaron, pero no me acuerdo. El caso es que ahí nos llevaron a una tienda de alfombras, alfombras enormes y carísimas. Eran alfombras tunecinas y el vendedor, un tío bastante majo, nos contó un poco la historia de las alfombras y que podíamos comprar ahí una alfombra, que nos lo enviarían a nuestro domicilio y que para que nos fiáramos de él, nos informó que esa tienda estaba asociada a una organización europea de venta de alfombras (o algo así) y que estaba todo homologado. A ninguno de los que estábamos ahí nos interesaba comprar una alfombra de 1.000 euros.
Después de la visita en la tienda de alfombras, visitamos en la misma ciudad su mezquita (por fuera) y ya. Ahí acabó la excursión. Subimos al autobús y nos llevaron de vuelta a nuestro hotel en Port El Kantaoui.
Eso fue la excursión al desierto, seguramente se me hayan pasado cosas por alto, pero creo que la mayoría de las cosas las he contado. La mayor parte del tiempo las pasábamos en el autobús moviéndonos de un sitio para otro, así que a los que no les guste estar horas metidos en un bus, les tocará aguantarse. Las paradas fueron las precisas, aunque claro, hay que intentar no beber demasiado líquido durante el viaje. Que por cierto, el agua era algo muy valorado, tanto en Matmata como en Douz cobraban mucho dinero por ella, incluso en el hotel en Douz, en la cena, tenias que pagar por una botella de agua, y barata no era.
Al principio de la excursión no sabía qué esperarme, al igual que el viaje a Túnez, pero todo ha sido una sorpresa, disfruté muchísimo y es un viaje que le recomiendo a todos.
El resto de los días fueron mas tranquilos y los disfrutamos la mayoría del tiempo en el hotel, siendo mas específicos, en la piscina y el yacuzzi :) .
El día Martes 7 de Febrero era nuestro último día ahí, nuestro autobús que nos llevaría al aeropuerto salía sobre las 18:30 y habíamos pensado que podríamos aprovechar y quedarnos el tiempo que teníamos que esperar en la piscina, pero para nuestra desgracia a las 12:00 debíamos estar fuera de las habitaciones, por tanto teníamos que recoger las maletas y sacarlas de ahí.
Dimos un paseo por la playa, aunque había bastante viento por tanto el paseo no fue del todo agradable, pero para perder el tiempo estaba bien.
Desde aquí quisiera darle las gracias a mis compañeros de viaje Ana, Alba y Rubén por invitarme (bueno, no me invitaron pagándome el viaje, pero me ofrecieron ir con ellos). Es un viaje que siempre recordaré y que disfruto mucho contándolo y recordándolo. A los que vayáis a Túnez, os deseo un buen viaje y que disfrutéis tanto como lo he hecho yo.
Esta es la última parte de mis "crónicas" del desierto (por llamarlo de alguna manera). Las dos anteriores se pueden leer en los siguientes enlaces:
Así como las fotos que tomé durante el viaje a los que se puede acceder desde el siguiente enlace:
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